Editoriales, columnistas, articulistas, lideres de opinión, han comenzado a preguntarse sobre el posible futuro de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Existen diversos actores de corte conservador que coinciden en que esta elección fue su última. Que AMLO se retira a la vida moral: a suplir al Ing. Cárdenas como líder moral de las izquierdas. ¿Así termina la vida de un actor político tan trascendental como AMLO?
AMLO, ha sido el actor político más importante en la vida política actual de las izquierdas en tierra mexica. Ha sido el promotor de las políticas sociales más “populares” en su gestión como Jefe de Gobierno del D.F. Aquellas políticas que otrora fueron juzgadas por los actores políticos de derecha, y que después recularon e imitaron sus mismas acciones.
AMLO es un hombre obstinado, es un hombre que actúa como un activista social nato, pero también como un adolecente berrinchudo. Es un hombre que no necesita del maquillaje, que no necesita del photoshop, pues habla a las masas a través de su lengua, y no a través de su imagen. Es de esos hombre que representan los hechos y no las promesas.
Después del Ing. Cárdenas en 1988, AMLO ha sido el único que a puesto en jaque a la elite conservadora desde el 2006, el primero lo hizo “quedando” en la segunda posición en aquellos tiempos, lo que se conoció como la “Caída del Sistema”; el segundo ha logrado ser el candidato de las izquierdas por la Presidencia de México por dos ocasiones: la primera fue bautizada como “El fraude 2006” (titulo del documental de Luis Mandoki (hombre cercano a AMLO)), la cual tuvo una diferencia entre el candidato de derecha y el candidato de izquierda de .56%, como sucede en las democracias endebles: ganó la derecha; la segunda participación comenzó con muchas dudas, pues el candidato del longevo y otrora hegemónico partido Revolucionario Institucional, Enrique Peña Nieto, fue el “favorito” de las encuestadoras, y AMLO comenzaría desde la tercera posición (según éstas mismas), sin embargo, una semana antes de las elecciones, las encuestadoras marcaban una diferencia de 20 puntos entre el primero (Peña Nieto) y el segundo lugar (AMLO), pero como en toda realidad, los hechos fueron aplastantes al conocer que la tangible diferencia fue de 6.51% según los resultados actuales.
Hoy el reto que ha emprendido AMLO no es el de invalidar la elección, pues si no ocurrió en el 2006, donde las pruebas eran abundantes (Véase la obra de Héctor Polanco: La cocina del diablo), hoy se ve lejano ese escenario. Todo parece indicar que lo que desea es deslegitimar a la partido Revolucionario Institucional y su imagen telegénica: Enrique Peña Nieto, donde cualquier acción que desee emprender como gobierno, tenga que ser bajo el beneplácito de las izquierdas, algo parecido a lo que sucedió con Felipe Cálderon, es decir, no permitirle ser un gobernante, sino un simple administrador jerarca del Estado mexicano.
Para AMLO queda mucho más de lo que algunos conservadores escupen con sus plumas, la historia política actual mexicana, ha demostrado que subestimar a AMLO, es sobrestimar a los demás actores, entrando con ello, en un garrafal error. Pues la historia política no escribe con “deseos” de algunos intelectuales, sino a través de sus ciudadanos soberanos, ellos son los que ponen las reglas del juego, y si así lo desean, en jaque al sistema político.
La pregunta ahora no es: ¿AMLO ha muerto (políticamente)? Sino más bien: ¿AMLO para candidato presidencial en el 2018?